Grupos opositores intentaron convertir la inauguración del Mundial en un escenario de protesta contra Morena repartiendo pañuelos y promoviendo consignas en redes sociales.
Sin embargo, la realidad dentro del estadio pareció muy distinta a la que anticipaban sus organizadores. La protesta no logró extenderse entre los asistentes, no hubo una respuesta coordinada del público y el ambiente terminó siendo mucho más festivo que político.
Al final, la afición pareció tener otras prioridades. Mientras algunos buscaban convertir el Mundial en una tribuna política, la mayoría simplemente fue a disfrutar del fútbol y de una celebración que, al menos por un día, buscaba unir al país.


